dilluns, 14 de gener de 2013

TALLER DE ESCRITURA

En clase de castellano hemos trabajado la narración y estos han sido los resultados:


UN DÍA DE EXCURSIÓN

Hace un año fuimos de excursión al “Barranco de Biniaratx”. Salimos tempranito de Campanet hacia Sóller, pasando por el túnel y luego nos dirigimos a Biniaratx. Es una aldea pequeñita, desde allí empezamos la excursión. Comenzó siendo una divertida excursión con mi padre, mi madre y mi hermano mayor.


Estábamos en la mitad del camino, cuando mi hermano y yo vimos unas cabras. Fuimos hasta ella saliendo del caminito, mi padre y mi madre siguieron y cuando volvimos al camino ya no estaban. Los buscábamos como locos y ellos nos buscan a nosotros, estaban preocupados, temían que cayésemos por un barranco, estaban llenos de agua.


Al final vimos un hombre mayor, le preguntamos si tenia móvil, nos lo prestó y llamamos
a mi madre le dije que estábamos donde habíamos visto las cabras y al cabo de
media hora nos encontramos, casi lloramos todos. Mis padres estaban muy asustados y nerviosos, seguimos hasta el puig de l'Ofre, donde comimos y disfrutamos de unas preciosas vistas.


Todo quedó en una aventura para mí y un susto para mis padres.


FIN ! ! ! ! ! !



UNAS NAVIDADES INOLVIDABLES

Tenía ocho años cuando ocurrió todo: era de noche y solo se veía una luna blanca con estrellas brillantes que la rodeaban; hacía frío, mucho frío. Estábamos en pleno invierno, era el 25 de diciembre y estaba muy nerviosa e ilusionada porque vendría Papá Noel y solo tenía ganas de saber que me traería. Fue un día como todos. Por la mañana fui a Inca con mi madre y estaba muy feliz; en mi cara solo se veía una gran sonrisa, de oreja a oreja. Entramos en una tienda a comprar una revista. Allí dentro había gente. Fue entonces cuando una anciana dijo:
  • Dame unos cuatro paquetes de cromos porque mi nieto quiere que Santa Claus se los traiga.
Yo me quedé helada, decidí salir fuera a pensar y la verdad es que estaba triste porque no sabía que pasaba, no sabía si eso que había dicho era cierto o no, pero yo seguía creyendo en la magia de Noel. Pasaron las horas, los minutos… y era hora de ir a la iglesia y mi madre me acompañó pero mi padre y mi hermana se quedaron. Fue allí donde se me cruzaron mil ideas por la cabeza: podía ser que hubiesen puesto ellos los regalos debajo del árbol o tal vez lo único que habían hecho era encender las lucecitas…
Sonaron las doce de la noche y me fui a casa. Santa Claus me había dejado un regalo: lo abrí pero estaba muy triste y confusa por lo que había pasado y me puse a llorar. Le expliqué todo a mi madre y ella me contó la verdad. Ahora ya sé que Papá Noel no existe, ni el Ratoncito Pérez, ni los Reyes Magos… pero yo sigo creyendo en la magia de la Navidad.





UN DÍA EN LA PLAYA

Un día de verano fuimos a la playa, nos pasó una cosa terrible. Era el día seis de Julio, estábamos en la playa y nos encontramos una botella que contenía un papel amarillento. Cuando lo sacamos vimos que era un mapa.
Seguimos las instrucciones y llegamos a una cueva. ¡Era un laberinto! ¿Quien se atrevería a entrar? Yo fui la primera en entrar, detrás los otros. Pasamos horas y horas en el laberinto, estábamos desesperados porque teníamos hambre, pero yo les dije:
-Tranquilos, desde este momento nos moveremos con inteligencia. Haremos tiras de nuestra ropa e iremos marcando allá por donde pasemos así no repetiremos el camino.
Después de media hora llegamos al centro y qué maravilla había un tesoro lleno de teléfonos Iphone, Ipad, ordenadores apple, ... Pero lo mejor es que encontramos la salida y al llegar a la playa vimos un dispositivo policial que nos estaba buscando porque nuestras madres histéricas los habían llamado, al “091”
¡FIN!